Una imagen puede ser una proposición consolidada o puede ser la información del tránsito, puede hacerse presencia como definición o puede, por el contrario, ser una presencia evasiva, la huella de un recorrido, el signo de un seceso. Estas imágenes que nos ocupan se mueven entre estos dos límites, se realizan como signos presenciales pero encubiertos, como gestos que se opacan -se ocultan y se fragmentan- para fortalecer su propia unidad, para mostrarse concentrados. Transitan entre estos extremos, entre la solidez de una figura determinada y el desplazamiento -el deslizamiento- de una forma que está continuamente apartándose, para manifestar un decir que sólo es apropiable desde la huella, desde aquello que parece estar continuamente desdiciéndose. Un decir que nos señala, quizá, lo irrealizable de la representación; eso que nos permite permanecer en el desciframiento, eso que nos convoca al cansancio de la mirada y a su reflexión.

Estas imágenes se elaboran como juegos de tensión en los que la firmeza del negro de un trazo delimitado se fracciona en un entramado de veladuras, de zonas de luz, de apósitos que lo convierten en una instancia desarmada, o en los que se contradice una serialidad sensiblemente rigurosa y lineal con la impresión casi azarosa de un signo gestual, de un trazo inacabado y expresivo. Juego de tensión, de contraposición, que no sólo nos propone un secreto -algo ausente- sino que conforma también un espacio no predeterminado de lecturas que se abre a un ejercicio de búsqueda, que obliga a escudriñar en aquello mismo que oculta.

S.P.

Un decir desdiciéndose, Sandra Pinardi . Exposición VIA-JARR, de Jorge A. Rodríguez JAR. Galería Armando Reverón, Estación Caño Amarillo. Diciembre 1996 – enero 1997.

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